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El Bajío se ha convertido en una de las zonas más ricas e industrializadas de México. Situado en una extensa hondonada, rodeada por estribaciones montañosas de la Sierra Madre y el Eje Volcánico, zona que
incluye Aguascalientes y parte de los Estados de Guanajuato, Querétaro, y San Luis Potosí. Las principales poblaciones del Bajío fueron fundadas en la Colonia, así que casi todas ellas se caracterizan por tener
magníficos centros históricos. La magia de Guanajuato se respira al caminar por sus callejones, al recorrer sus plazas y famosos túneles, y al admirar sus balcones. El milagro de esta ciudad es la asombrosa
armonía y encanto que poseen sus casas y calles. La ciudad de Guanajuato es una de las más hermosas de América. Debe su nacimiento y monumentalidad a la riqueza de sus minas, que durante varios siglos aportaron
más de la cuarta parte de la plata mundial. La población fue creciendo con el correr de los siglos a lo largo de las escarpadas crestas de una barranca, en cuyas proximidades se fueron descubriendo ricas minas
de oro y plata. Hoy, forma un extraordinario conjunto que combina la arquitectura barroca y churrigueresca de sus templos con el estilo neoclásico de sus palacios y mansiones. “Fiesta”, es una palabra que
ha pasado del español a muchos otros idiomas. Los mexicanos, en particular se caracterizan por sus festejos, frecuentemente en honor de los santos locales. En el Bajío abundan también las fiestas y celebraciones. La
ciudad de Guanajuato se viste de fiesta cada año por el mes de octubre, cuando recibe artistas de todo el mundo que acuden al Festival Internacional Cervantino. Sin duda, se trata de uno de los festivales más
importantes del continente, gracias a sus conciertos y exposiciones, así como a sus representaciones operísticas, teatrales y dancísticas. Y recuerden que en el 2001 los quiero ver en Guanajuato.
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